Los hijos: Un regalo de Dios que abre el futuro

Un regalo de DiosEl Papa celebró este miércoles la Audiencia General en la Plaza de San Pedro. En su catequesis, Francisco continuó sus reflexiones sobre la familia, refiriéndose en esta ocasión a los hijos como don de Dios para los padres y la sociedad. »Hay un vínculo estrecho entre la esperanza de un pueblo y la armonía entre generaciones -dijo-. La alegría de los hijos hace palpitar el corazón de los padres y vuelve a abrir el futuro. Los hijos son la alegría de la familia y de la sociedad. No son un problema de biología reproductiva, ni uno de los muchos modos de realizarse. Y mucho menos son una posesión de los padres. Los hijos son un don. Son un regalo. Cada uno -continuó- es único e irrepetible; y al mismo tiempo, inconfundiblemente ligado a sus raíces. Ser hijo e hija, de hecho, según el designio de Dios, significa llevar en sí la memoria y la esperanza de un amor que se ha realizado a sí mismo encendiendo la vida de otro ser humano, original y nuevo. Y para los padres cada hijo es sí mismo, es diferente, diverso».

Francisco destacó la dimensión más gratuita del amor que ofrecen los hijos ya que son amados incluso antes de nacer. Como ejemplo puso a las muchas mamás que le piden cada día que les bendiga el vientre. »Esto es gratuidad y amor; son amados antes, como el amor de Dios, que nos ama siempre antes. Son amados antes de haber hecho nada para merecerlo, antes de saber hablar o pensar, ¡incluso antes de venir al mundo! Ser hijos es la condición fundamental para conocer el amor de Dios, que es la fuente última de este auténtico milagro. En el alma de cada hijo, por más vulnerable que sea, Dios pone el sello de este amor, que está en la base de su dignidad personal, una dignidad que nada ni nadie podrá destruir».

El Papa animó a aprender la buena relación entre generaciones de nuestro Padre Celestial que »no da pasos hacia atrás en su amor por nosotros. Va siempre hacia adelante y si no se puede ir adelante, nos espera, pero nunca va hacia atrás; quiere que sus hijos sean valientes y den pasos hacia adelante. Los hijos, por su parte, no deben tener miedo del compromiso de construir un mundo nuevo: ¡es justo desear que sea mejor del que han recibido! Pero esto debe hacerse sin arrogancia, sin presunción».

Además mencionó el cuarto mandamiento que pide a los hijos honrar a los padres y explicó que una sociedad de hijos que no honran a sus padres es una sociedad sin honor. »Es una sociedad destinada a llenarse de jóvenes áridos y ávidos. Pero también una sociedad avara de generaciones, que no ama rodearse de hijos, que los considera sobre todo una preocupación, un peso, un riesgo, es una sociedad deprimida». A esto añadió que la concepción de los hijos debe ser responsable, que el tener muchos hijos no puede ser visto automáticamente como una elección irresponsable y que no tener hijos es una elección egoísta. »En el multiplicarse de las generaciones hay un misterio de enriquecimiento de la vida de todos, que proviene de Dios mismo. Debemos redescubrirlo, desafiando los prejuicios; y vivirlo, en la fe, en la perfecta alegría». Antes de concluir se dirigió a los padres y a las madres: »¡Qué hermoso es cuando paso entre ustedes y veo que alzan a sus hijos para que sean bendecidos! Es un gesto casi divino. ¡Gracias por hacerlo!».

fuente: www.vis.va

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