Espiritualidad

La Espiritualidad franciscana tiene sus fundamentos en el Santo Evangelio, como lo atestigua el mismo Francisco cuando dice en su Testamento: “Y después que el Señor me dio hermanos, nadie me ensañaba qué debería hacer, sino que el Altísimo mismo me reveló que debería vivir según la forma del santo Evangelio” (Test 14). Sin embargo, hablar del Santo Evangelio, es hablar de manera sintética y al mismo tiempo ambigua, ya que, si analizamos bien, cada comunidad religiosa desea vivir según el Santo Evangelio. Por eso es necesario que se pongan de manifiesto algunas notas características de la Espiritualidad de Francisco.

El pobrecillo de Asís, que se denomina a sí mismo: “idiota e iletrado” le corre por sus venas el altísimo y profundo amor por la Encarnación del Señor. Tomas de Celano dirá que: “Tenia tan presente en su memoria la humildad de la encarnación y la caridad de la pasión, que difícilmente quería pensar en otra cosa” (1Cel 84). En su deseo de experimentar su sencillez y debilidad mando representar su nacimiento en la gruta de Greccio. (1Cel 84-87). La Encarnación del Hijo de , Francisco “la llamaba la fiesta de las fiestas, en la que Dios, hecho niño pequeñuelo, se crio a los pechos de madre humana” (2Cel 199-200)

Otra nota característica de su espiritualidad será la Eucaristía, de la cual, no se cansará de escribir una y otra vez a sus frailes y demás personas a la alabanza y adoración del Santísimo Cuerpo y Sangre de Nuestro Señor Jesucristo. Basta recordar las Cartas enviadas a los Clérigos; a los regidores de los Pueblos, a los Custodios, o la Admonición primera, para hacerse una idea de su profundo sentido eucarístico.

Por mucho tiempo las palabras de Francisco: “Seguir a Cristo Pobre y Crucificado” han llevado a identificarlo únicamente con el crucifijo ensangrentado y doliente, sin embargo, sin olvidar esta nota tan presente en su espiritualidad a la cual le dedicará el Oficio de la Pasión, debemos decir que no olvida la Resurrección y Ascensión, pues, la Oración ante el Cristo de san Damián no está dirigida a un Cristo Sufriente colgado en el madero, sino a un Cristo Resucitado y Glorificado. De igual manera, podemos constatar que la imagen del Serafín que imprime las llagas a Francisco, no es la de un Cristo doliente, sino Glorificado, no obstante tenga impresas la marcas de la Cruz. Podemos decir entonces que, Desde el inicio hasta el final, la vida de Francisco está marcada por el entero misterio de Jesucristo.

En una palabra, Encarnación, Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión de Nuestro Señor Jesucristo están siempre presentes en la experiencia de Francisco.

Otra nota característica de su espiritualidad es la Santísima Trinidad, no hay escrito en el cual no estén presentes las tres personas divinas. Él sabe y comprende como ningún teólogo de su tiempo la obra salvífica del Uno y Trino Señor, al cual no se cansa de alabar, bendecir y adorar.

Así mismo, no hay escrito que no haga mención de la Bienaventurada Virgen María, por lo tanto podemos decir que el aspecto mariano es otra de las notas características de la espiritualidad franciscana.

En conclusión podemos afirmar que la espiritualidad franciscana es Trinitario-cristocéntrica. Una espiritualidad que arrebatada ardorosamente contempla la majestad divina del Padre en la persona de Jesucristo, pobre y humilde que se encarnado en el seno “de la gloriosa siempre Virgen beatísima Santa María” (Rnb 23,3), y ha deseado quedarse con nosotros en el Santísimo Cuerpo y Sangre de nuestro Señor Jesucristo.

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